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“EL WICKED”: De criminal a redentor

Aislado en la celda 42 del área de máxima seguridad del CERESO estatal de Aquiles Serdán, José Enrique Jiménez Zavala, alias El Wicked, recapacita de sus actos criminales, y a pesar de que se le ha dictado ya cadena perpetua, dice que no se arrepiente de todo lo que hizo.

Sin embargo, este criminal, acusado de delincuencia organizada, que incluye múltiples homicidios, trá!co de droga y posesión de armas de fuego de uso exclusivo del ejército, re"exiona y decide contar su vida, su experiencia como sicario y líder de una célula de la pandilla de Los Aztecas, para que sirva de escarmiento no para él, sino para los cientos de adolescentes que buscan el dinero fácil y los lujos que el crimen organizado les ofrece.

Peligro en el cual también están sus hijos, Erick y Christian, de 5 y 3 años de edad, respectivamente, a los cuales ve esporádicamente, pero a través de los locutorios, nunca de cerca y sin poder tocarlos.
Ahora El Wicked participa en un ambicioso programa del Gobierno de Chihuahua, del sistema penitenciario, que busca arrebatar de las garras del crimen organizado a cientos de jóvenes que son tentados por la ambición, el poder y la adrenalina que causa adicción al crimen.

Sin embargo la batalla es cruenta y parece que el crimen va ganando, ya que en Chihuahua son cada vez más los casos de adolescentes arrestados por cometer algún tipo de delito relacionado con el crimen organizado, como es el carjacking o robo violento de vehículos, el secuestro y la extorsión, actividades que sirven para proveer de dinero en efectivo a los narcotra!cantes.
Solamente una vez ha salido de prisión luego de su arresto el año pasado, y fue para rendir su testimonio ante miles de estudiantes del Colegio de Bachilleres y Secundarias. Su papel en este programa del gobierno de Chihuahua, es de redentor o salvador de vidas adolescentes, que pueden ser fácilmente atraídos, deslumbrados y reclutados por el crimen organizado.

Se trata del programa “Libre de prisiones”, donde un grupo de 20 reos salen del CERESO Estatal, para subir a escena una obra de teatro, donde cuatro de ellos conviven, o sobreviven, en el interior de una celda, de tres por tres metros, con camastros, baño, lavamanos y regadera.
En esta participó por única vez El Wicked, quien fue escoltado por un fuerte operativo de seguridad policiaca y la orden de salida temporal dictada por un juez.

Pero el testimonio rendido en el Gimnasio Rodrigo M. Quevedo, ante miles de estudiantes, no se compara con su vida contada en primera persona, sentado en su cama de piedra, tras los barrotes de la celda 42, en el área de alta seguridad, aislado, y de la cual solamente sale 45 minutos al día.
De entrada se con!esa, aunque no se arrepiente de lo que hizo, y relata su vida con un único propósito: evitar que más jóvenes, incluidos sus hijos, sean reclutados por el crimen organizado.

Sin hacer apología del delito, durante la entrevista El Wicked aseguró que no tuvo ningún tipo de sentimiento cuando mató a personas, ¿cuántas?, dice no recordarlo, pero todo empezó en México, cuando lo deportaron de los Estados Unidos, donde vivía en la ciudad de El Paso, Texas, con su madre, dos hermanos mayores, y uno menor que él.
El origen de su vida delictiva la endilga a los problemas familiares, la cual salió de México y cruzó a los Estados Unidos para buscar el sueño americano, que nunca encontraron, pero sí sus vicios y sus miserias.

Su madre trabajó en bares, vendió droga y realizaba grandes !estas, todo lo cual era visto por sus hijos, incluido sexo y violencia.

Nunca le pusieron atención, ni se preocupaban por sus estudios. Por ello salió a la calle, a las esquinas, con las pandillas que le dieron comprensión y cariño, porque todos tenían el mismo problema.
A los 13 años fue arrestado por vandalismo, a los 14 ingresó a un penal de Estados Unidos por asalto agravado, al pegarle a una persona con una pistola y con un bat.

“Yo quería que me vieran, buscaba cosas más emocionantes. Buscaba ser aceptado en un grupo”, comenta, y dice que esto puede pasar en grupos escolares, son solamente en pandillas, ya que es lo mismo robar que tomar cerveza para que te acepten en el grupo que quieres estar.
Su primera arma de fuego la tuvo a los 15 años, con la cual nunca mató a nadie, pero si hirió a muchos, pero al tenerla, las cosas cambian: “es una especie de adrenalina que crece y te lleva. Cuando tuve mi primera arma empezó todo. Un niño no puede ser malo, pero ya tener un arma en la mano le despierta esos sentimientos, y empieza a hacer las cosas que puede hacer con el arma. A mí poco a poco me fue envolviendo el mundo de la delincuencia, poco a poco me fui metiendo en ese círculo, y ya veía que los crímenes que cometí no eran nada, y quería más. Empecé a buscar el poder, el respeto con esa gente, es lo que me orilló a hacer todo eso”.

Relata que a pesar de que su trabajo en el crimen organizado fue primero vender droga, luego asesinar gente o sicario, y !nalmente ascendió a jefe y daba órdenes, él podía convivir con personas, familias completas en restaurantes o parques, y nadie notaba que estaban junto a un sicario.
“La sociedad tiene una mala interpretación de lo que es un sicario, porque siempre que enseñan un delincuente, un matón, un ma!oso, lo presentan tatuado, tipo cholo, y no es así. Yo pasaba desapercibido en cualquier lugar, en el cine, comiendo en lugares de familia, en parques, con mis hijos, con familias, personas bien vestidas. No tiene que ser una persona tatuada, yo estoy tatuado porque viví en Estados Unidos y allá es normal, pero mucha gente (sicarios), no están ni tatuadas. Es una persona bien vestida, puede estar enseguida de usted comiendo y nadie se da cuenta”.

Ahora, sin pensar si algún día saldrá de prisión, porque “todo se lo dejo ya en las manos de Dios”, El Wicked concluye: “en un futuro no he pensado en salir, pero se lo dejo todo a la voluntad de Dios. Sí, veo a mis dos hijos, Erick de 5 y Christian de 3 años y tengo miedo de que ellos sigan mis pasos. Por ellos ese es el objetivo, porque yo veo a todos los chavos de 10 a 14 años que juegan en el parque, y dos o tres años después, ya son parte del crimen organizado. Tengo miedo de que mis hijos no sean guiados bien, de que sigan mis propios pasos. Ese es el miedo que yo tengo, por eso estoy aquí, para que esto les pueda servir a ellos también”. 

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